miércoles, 24 de junio de 2009

59 AÑOS DE DESPECHO

Varios países conmemoran un aniversario más del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, en Colombia celebramos el día nacional del despecho.

Hace 59 años fue asesinado el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, y lo seguimos recordando, a veces exaltando y, con menos frecuencia, emulando. Hay bustos con su figura que sobreviven a los descuidos administrativos, varias placas conmemorativas colocadas en distintos sitios de la ciudad y donde se presume cayó abaleado, sitio que ha intentado, como casi todo en este país, ser politizado, sin mucha fortuna para un Moreno de Caro, gracias a la acción de la familia del inmolado líder popular. Su nombre es tema en las escuelas, incluso es pronunciado en el discurso exaltado de mandatarios de países vecinos, en Bogotá hay un colegio y una avenida que llevan su nombre y desde hace 20 años aproximadamente, se intenta construir un centro cultural en su memoria que rodee el abandonado Museo Jorge Eliécer Gaitán.

Miles de personas lo recuerdan, lo llevan como imagen viva de nuestra memoria histórica y aún sobreviven quienes dan testimonio de lo que fue aquel día funesto para la historia del país y relatan con horror el brutal momento del magnicidio cuando después del hecho, un tal Juan Roa Sierra, era linchado por una multitud enardecida. Pero así mismo y de forma asombrosamente desigual esa memoria viva ha ido relegando tras las imágenes del horror y la sevicia registrados en esa especie de revuelta popular y levantamiento político conocido como “El Bogotaso”, los verdaderos cuestionamientos que durante décadas han rodeado el crimen y las consecuencias políticas que el mismo trajo para el país.

¿Quién era Jorge Eliécer Gaitán y por qué su muerte era necesaria para sostener una vieja y mezquina clase oligárquica, pérfidamente escondida tras los colores del bipartidismo que desangraba la nación?

Para muchos la muerte de Gaitán supuso una fractura en la historia nacional, que se convirtió en el detonante definitivo de una creciente violencia sin cuartel, una violencia gestada en el vientre de las oligarquías que para beneficio propio azuzó al pueblo para que se matara por razones aparentemente ideológicas sin que costara una sola gota de sangre a los poderosos. Pero el accionar criminal como mecanismo de silenciamiento político fue empleado porque ya existían unos antecedentes, unas formas para sostener la impunidad y asegurar la victoria de los verdaderos asesinos; y fue así finalmente como aprendimos a construir país, sobre la sangre de los caídos y el olvido impulsado como fuerza necesaria para la preservación de un orden desigual.

Jorge Eliécer Gaitán entendió la voz del pueblo, sus angustias, sus necesidades más apremiantes y sus dolorosas exclusiones porque él mismo era el pueblo. Y su imagen y su voz y su segura victoria electoral, resultaban ofensivos para una clase arrogante, sin identidad y sin ganado respaldo popular. Por eso hay quienes aseguran que a Gaitán lo mataron no por político, no por su enorme convocatoria evidenciada en la recordada Marcha del Silencio, sino por lobo, por negro, por ser la mejor encarnación del pueblo.

Juan Roa Sierra murió linchado en la calle, sin alcanzar a revelar nada diferente a que obedecía grandes poderes y que era peligroso revelar más, luego fue sacado a rastras de la droguería donde se había ocultado y afortunadamente para los asesinos dueños del poder, el pueblo lo linchó y con ello se garantizó el silencio y la impunidad. Sin embargo las dudas y las conjeturas siguen estremeciendo el país. Tiempo después del crimen se supo que misteriosamente Roa Sierra se había reunido en alguna oportunidad con el conocido político conservador, Álvaro Gómez Hurtado, hijo del “Monstruo” que para nuestra desgracia, dos años después, ocuparía la primera magistratura del país. Nunca nadie aclaró la razón de tan misterioso e inusual encuentro y la pregunta de qué hacía un tipo como Gómez con un tipo como Roa Sierra, como todos los enigmas que rodearon la muerte empezaron a desvanecerse entre frases de cajón, nuevos crímenes para lamentar y miles de sofismas que lograron al fin desviar la atención.

Gaitán era la piedra divisoria del Partido Liberal y con justificados argumentos y razonable astucia, hay quienes creen leer entre sus filas el nombre oculto del verdadero asesino, incluso no falta quien se lo atribuya al delfín y venerada figura nacional, Alfonso López Michelsen, viejo cacique liberal

Sea quien haya sido su asesino, quizás aún viva y goce de grandes dadivas administrativas, lo que si parece cierto e incluso incontrovertible verdad, es que Roa no actuó sólo como un desquiciado que entre alucinaciones y deseos de grandeza apretó el gatillo. Días antes del asesinato, había escrito al presidente Mariano Ospina Pérez colocándose a su servicio y por supuesto, de la patria excluyente y violenta que él representaba. El día del homicidio, había una cámara de cine lista para registrar la reacción del pueblo; una cámara que normalmente tardaría varios minutos en echar a andar en está ocasión, además de muy bien ubicada, estaba lista para grabar, tan lista como los tanques de guerra que años después, entraron al Palacio de Justicia, masacrando leyes y hombres por igual. La nieta del caudillo lo ha denunciado durante años, y aunque sí parece tratarse de un incidente bastante extraño, éste ni siquiera fue considerado en los documentos desclasificados de la CIA que años atrás se dieron a conocer, donde se eximía de toda participación al líder cubano Fidel Castro, quien en tan mala hora se encontraba en Bogotá asistiendo a un encuentro Iberoamericano, que también sirvió para ocultar a los visitantes toda la pobreza y la mendicidad que afeaba la ciudad.

Roa Sierra recibía ordenes, sin duda, ordenes que con toda seguridad provenían de la más rancia y pérfida oligarquía, la misma que aplaudió la violencia, que sin importar color o bandera se reunía en los grandes clubes sociales a beber whiskey en medio de la debacle que para nada los tocaba, la misma que fabricó y perpetuó una falsa versión de la historia patria, la misma que se las arregló con magnicidios y acciones encubiertas para sostenerse en el poder y continuar posicionada hasta nuestros días, bien como venerables ex mandatarios y ex funcionarios moviendo tras bambalinas los hilos del poder, controlando la política y la economía nacional o a través de sus delfines, adiestrados en las mismas prácticas homicidas, excluyentes y contrarias a cualquier deseo de reconciliación nacional.

A Gaitán no lo mató un lunático que soñó consagrarse para la historia como un vulgar criminal, a Gaitán lo mataron los dueños del poder por ser la esperanza del pueblo y la promesa viva de una necesaria y aún, urgente transformación; por eso masacraron a todo el partido gaitanista tal como sucedió con la UP , por eso el suyo fue un crimen de Estado, y por eso sigue sin aclarar y los autores intelectuales, más de uno, continúan viviendo de alabanzas y homenajes, salvando a los suyos del rigor de vivir y forjar una verdadera democracia capaz de aminorar el desequilibrio y la injusticia social, causa real de la violencia que hoy seguimos perpetuando.

Gaitán es recordado por amplio, por valiente, por visionario y por revolucionario en un mundo de caciques y disfraces, por haber asumido la voz de quienes no tenían voz y ni siquiera fe, por haber logrado, desde el corazón de las masas, interpretar este país.

Y por eso es muy posible que en otros países hoy recuerden más su voz, sus luchas, su ejemplo y sus ideas, mucho más que nosotros que en buena parte del territorio nacional hoy, 9 de abril, con estridente eco desde los medios de comunicación, nos aprestamos a celebrar el día nacional del despecho, con guitarras extranjeras y mucho aguardiente para olvidar.

Ojala alguien al menos hoy, levante la copa del despecho por la historia patria que pudo ser, por el Caudillo y por la promesa viva de hacer algo digno por este país, algo como lo soñado por quienes fueron y siguen siendo impunemente masacrados.

Sin duda ha sido el oscuro manejo de la Historia la responsable de nuestra pérdida de Memoria Nacional y también una de las herramientas exitosas que emplean los poderosos para perpetuarse en el poder. La recuperación de esa Memoria y la lucha sin tregua contra el olvido y la amnesia que nos desean imponer, es también la mejor arma con la que contamos los pueblos para reconstruir nuestra propia Historia y forjar otro país.

Recordar nuestros muertos, también es cuestión de dignidad.


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