miércoles, 3 de noviembre de 2010

CARTAGO: LA LUCHA DE LOS QUIJOTES


En memoria de Andrés Felipe Llano Calvo

“Quisiera que la juventud usará las balas de las letras. Las armas de las palabras, y dispararán ráfagas de poesía”
Andrés Felipe Llano Calvo

Estando en el Eje cafetero con el fin de pasar allí las fiestas de fin de año, escuche a través de La W que el tres de enero se llevaría a cabo la primera marcha por los derechos humanos del 2009. El 16 de mayo de 2008 Andrés Felipe Llano Calvo, un joven radiólogo que se dedicó a exponer la radiografía de la corrupción y la violencia que azotaba la ciudad de Cartago, Valle del Cauca, fue impunemente asesinado. Ante la falta de repuesta por parte de la justicia de Cali, cuya Fiscalía seccional No 46 adelanta las investigaciones, decidieron emprender una caminata pacífica desde la ciudad de Cartago, pasando por Obando, Sarzal, Tulúa, Buga la grande y Palmira para arribar finalmente a Cali, según tienen programado el próximo 10 de enero.

El día en que se iniciaba la marcha viajé hacia Cartago y mientras escuchaba en un programa de radio llamado “Un día en la historia de hace muchos años” a un periodista de voz profunda y serena de apellido Marín Hernández quien recordaba “la masacre de las bananeras” y conmovido exaltaba el nombre de líderes sociales de la década de los veintes como Raúl Eduardo Mahecha, yo recordaba a Francisco de Heredia, a los hermanos Uribe Márquez, a Enriqueta Jiménez, Elvira Medina y a tantas olvidadas y olvidados de nuestra historia. La lucha por la tierra, las protestas reprimidas a sangre y fuego como la de los artesanos en la plaza de Bolívar de Bogotá en 1919, la violencia que se desató contra los trabajadores en 1924 tras su protesta en Barranca, año en el que se realizaron 17 huelgas en todo el país, la de 1927 que también dejó decenas de muertos en Barranca, la de los ferroviarios en Ambalema y la de choferes en Bogotá. Era la vigencia de la antigua “Ley de los Caballos”, la del confinamiento, el destierro para los luchadores o la muerte a bala de sus líderes como en el caso de Erasmo Coronel o Petrona Yance, quienes hacen parte de las mil o mil doscientas víctimas, nunca se sabrá, que dejó “la masacre de las bananeras” en Cienaga, Magdalena ocurrida el 5 de diciembre de 1928.

El periodista radial, al relatar la forma brutal en que los soldados colombianos al servicio de la empresa norteamericana dispararon contra una masa de más de tres mil trabajadores desarmados -con mujeres y niños- que exigían garantías laborales y cuyos muertos poco a poco la historia ha ido revelando, sentenciaba conmovido que los vencedores escriben la historia mientras que para las victimas sólo queda el silencio y el olvido. Lo escuche atenta y pensé en la dimensión de la marcha a la cual me dirigía, la cual había sido anunciada a través de una de las emisoras con mayor impacto ciudadano del país, un líder de opinión a decir de los analistas, y en cómo las familias y las mismas víctimas cada día de modo más organizado y corajudo desafían el miedo y el dolor y salen a tomarse las calles para romper el silencio y exigir justicia y verdad. Sin duda se trata de ejemplos de enorme valentía porque la violencia sigue sintiéndose con fiereza en esta región. En Pereira, situada a cuarenta y cinco minutos de Cartago, se informa a diario sobre asesinatos de jóvenes, muertos que aparecen bajo los puentes, mujeres degolladas: dos en vísperas de navidad, una niña de 9 años a la que le estalló una granada lanzada por sicarios contra su casa el 31 de diciembre, y en Cartago la situación no es mejor, allí las amenazas son constantes, la vigilancia, los seguimientos, y el terror y el silencio son tan extremos que empiezan a asfixiar. Una marcha por los derechos humanos en una ciudad donde su práctica es desconocida, la primera del 2009 y en memoria de uno de sus líderes más jóvenes y carismáticos: supuse entonces que ésta sería una gran movilización, y de hecho lo fue pero no como me lo imaginaba.

La mafia domina en Cartago

La ciudad de Cartago está ubicada en la zona norte del departamento del Valle del Cauca, una región durante años dominada por la mafia, donde además tienen presencia frentes de las FARC, bloques paramilitares y nuevas estructuras de sicarios al servicio de esas mismas mafias. Buena parte de su territorio rural, de su ganadería y agricultura, y el ejercicio de la política se encuentran bajo el control y la vigilancia de las redes mafiosas. No es extraño entonces que el tema del narcotráfico sea poco comentado en la ciudad, incluso por los periodistas. Cuando en el país se comentaba la captura de José Aldemar Rendón, alias ‘Mechas’ en Medellín, reconocido narcotraficante de Cartago, los periodistas de la ciudad prefirieron no abordar el tema, argumentando que sus negocios y estructuras seguían vigentes en Cartago y el norte del Valle. La ocasional presencia de Bloques de Búsqueda e incautaciones a bienes de narcotraficantes tampoco son comentados por la prensa local. Sin duda el miedo reina en esta ciudad y de narcotráfico no se habla porque quienes lo hacen conocen de sobra las consecuencias.

Sus índices de violencia como producto de las desigualdades sociales y de las acciones de los armados, son unas de las más altas del país, y sus tentáculos de muerte y destrucción se extienden al departamento de Risaralda y al resto del Valle. La ciudad de Cartago es atravesada por el Río Cauca y La Vieja, sus tierras son en extremo fértiles y aptas para el cultivo y la ganadería. La provincia de Quimbaya, como se conocía antes de la llegada de los españoles fue descubierta y fundada por el mariscal Jorge Robledo el 9 de agosto de 1540, quien fue sentenciado siete años después a muerte por garrote y no degollado como él pedía dada su condición de Hidalgo.

Cartago cuenta con una historia de violencia que pasa por las confrontaciones entre indígenas y españoles, acciones de resistencia de los Pijaos, disputas entre tropas españolas por las comarcas conquistadas, presencia de bandoleros, de frentes guerrilleros y por la sangrienta incursión de los grupos paramilitares que de la mano de fuertes estructuras mafiosas continúan cobrando su ansias de control territorial a través del sistemático asesinato de campesinos, sindicalistas, activistas sociales y periodistas. Ubicada a 30 kilómetros de la ciudad de Pereira, Cartago es afectada por las estructuras paramilitares que dominan los municipios de Dos Quebradas, Guadualito, los barrios de Cuba, Villa Santana y otros. El principal eje de violencia lo constituye la disputa territorial, un marcado desequilibrio económico y la formación de escuelas de sicarios para niños y jóvenes. Los hombres de alias “Macaco”, los del frente “Cacique Nutibara”, los de Wilber Alirio Varela que conforman la organización “Los Rastrojos”, las llamadas “Águilas negras”, “Los Rolos” “Los Machos” formados por hombres de Diego Montoya Henao, o incluso “la Cordillera” han logrado a sangre y fuego el control total de los llamados “baby carteles” y a través de sus acciones se ha impuesto un régimen de silencio que además ha producido el desplazamiento forzado interno – el más alto en todo el país- de decenas de familias indígenas y campesinas, un creciente número de asesinatos selectivos, hostigamientos, persecuciones y destierros también por causas políticas. El Cañón de Garrapatas que es una zona de difícil acceso se encuentra en inmediaciones de Cartago, y durante las últimas décadas se ha convertido en un importante corredor para el transporte de las más de 5.000 hectáreas de coca cultivadas en esta zona. Los Machos y Los Rastrojos sostienen desde hace varios años una fuerte y violenta disputa territorial.

Una Comisión de Observación conformada por representantes cinco organizaciones de prensa (Comité de Protección a Periodistas de New York –CPJ-, Reporteros sin Fronteras –RSF-, el Instituto Prensa y Sociedad –IPYS-, el Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas –CESOFIP- y de la Fundación para la Libertad de Prensa –FLIP-, con las Naciones Unidas como observador), visitaron el departamento del Valle del Cauca en el 2005 con el fin de entrevistarse con periodistas, autoridades y organizaciones sociales y analizar la situación de riesgo y vulnerabilidad tanto de periodistas como de activistas sociales. En su reporte final, la Comisión señaló que en Cartago el miedo domina la labor periodística y como aspectos neurálgicos de esa situación destacó el asesinato de periodistas, amenazas contra reporteros, alto nivel de autocensura en temas relacionados con narcotráfico y corrupción en la administración local. Varios periodistas han cedido a la autocensura para no correr la misma suerte de Javier Darío Arroyabe, director del programa radial de opinión “¿Cómo les parece?” de Ondas del Valle de Caracol y corresponsal freelance del diario El Tiempo, quien fuera asesinado en el 2005. En septiembre de 2007 una patrulla de la policía atacó, golpeó y arrestó al periodista y camarógrafo Juan Alonso Restrepo Vejarano, frente a su esposa y otros dos colegas que cuando quisieron grabar los hechos fueron amenazados con armas de fuego. Los ejemplos abundan.

“En Cartago muchas personas aseguran que existen vínculos entre políticos y narcotraficantes. Algunos periodistas manifestaron haber sufrido intimidaciones luego de publicar un artículo donde se criticaba al alcalde por la construcción de una terminal de transporte en la ciudad. En una de las conversaciones que sostuvo la Comisión de Observación, informan que un periodista, al cual no identifican, declaró lo siguiente: “Uno se pone a patear con esos temas y va a dar a la 11”, en referencia a la calle donde queda el cementerio”[1]. Otro factor de riesgo se relaciona con las denuncias que se realizan sobre narcotráfico, posible causa del asesinato del periodista Oscar Polanco en la ciudad de Cartago.

Además, según informó la Comisión “tres frentes de las FARC luchan por el control territorial contra grupos de paramilitares al servicio del narcotráfico como las bandas “Los Machos” y “Los Rastrojos”, cada una con cerca de 800 hombres armados”

En Cartago aparentemente no sucede nada, todo parece dormitar en medio de un calor sofocante, de la ausencia de brisa y de un clima seco donde la realidad parece congelada entre el mutismo y la indiferencia y sólo asoma la majestuosidad de su catedral blanca que abarca más de una manzana de construcción. Los vehículos circulan sin mayor prisa, la Iglesia usualmente está abierta y ocupada por decenas de feligreses y la Plaza principal siempre está atestada de vendedores de piña, de raspados y por hombres viejos que pasan las tardes de calor y quietud conversando tranquilamente, quizás recordando cuando en Cartago se podía hablar y hasta soñar con alguna especie de porvenir.

Un quijotesco acto de memoria: “Por la verdad Felipe Vive”

Al llegar a la ciudad en busca de la publicitada marcha advertí esa densa calma, así que me dediqué a recorrer sus calles a la espera de encontrar un trancón que me indicara que estaba en el camino correcto. En una calle cercana a la Plaza de Bolívar efectivamente se presentaba un insignificante embotellamiento de no más de 10 carros en fila. Al frente estaba la marcha que había anunciado La W, la de los Derechos Humanos, la que intentaba romper la indiferencia y exaltar el nombre de uno de sus dirigentes más significativos asesinado apenas siete meses atrás, la que se hacía en memoria de Andrés Felipe Llano Calvo. Los marchantes vestían camiseta blanca con letreros en tinta negra que decían “Por la verdad Felipe Vive”, uno llevaba una pancarta, dos cargaban megáfonos que se rotaban para exclamar su repudio por el crimen y la indolencia ciudadana y en todos ello brillaba la chispa de la indignación. La cantidad de los marchantes fue fácil de establecer: eran tres. Una hermana y un hermano de Andrés Felipe y Luis Fernando Posso, su fiel amigo de luchas y desafíos. Al frente de ellos iba una camioneta roja con maletas y una madre desconsolada al volante y atrás de ellos una patrulla de la policía. Nadie más.

Caminando a paso lento, con la mirada altiva de quien se sabe en lo correcto, los tres marchantes se tomaron la ciudad de Cartago ante la mirada impávida de los transeúntes que con asombro y conmovedora solidaridad, en algunos casos, los miraban pasar sin atreverse a engrosar sus filas. “No nos vamos a callar ni a dejar dominar por la mafia que controla la ciudad. Nosotros caminaremos hasta Cali para exigir resultados de la justicia para que el asesinato de Andrés Felipe Llano Calvo no quedé en la impunidad!. Seguimos su ejemplo y su valor; él nunca se arrodilló y nosotros tampoco lo haremos”- gritaban a través del megáfono.

Rubén Darío Llano Calvo cuenta que su hermano era poeta, escritor y un fuerte opositor a la autoridad local, a la que siempre cuestionó desde su función como veedor social intentando ponerle freno a la corrupción y desenmascarar el régimen paramafioso que se había tomado a la ciudad. “Mi hermano siempre cuestionó con decencia y con valor los manejos administrativos del gobierno local, de entidades públicas y municipales como la del aseo. Fue consejero juvenil y desde su activismo social se comprometió con la defensa de la ciudad porque su mayor anhelo era quebrantar ese estilo de vida traqueto que se estaba imponiendo y que los jóvenes convertían en aspiracional. Esa fue su lucha; recuperar los valores sociales y humanos que se estaban perdiendo”

Andrés Felipe tenía 29 años de edad cuando fue asesinado, alternaba su vida entre el activismo social en los barrios, su trabajo como empleado de Carrefour y su familia. No tenía esposa ni hijos, vivía con sus padres y sus hermanos, y si bien no dejó viuda ni huérfanos, si dejó a buena parte de la sociedad conmocionada, especialmente a los jóvenes que atentamente lo escuchaban y lo seguían. Resultaba entonces paradójico, que una sociedad conmocionada por un hecho semejante y con tantos amigos resentidos por este crimen, que ninguno de ellos acompañara a la familia en este valiente clamor de justicia, y que sólo contarán con una camioneta de la policía que los sigue en su recorrido, les carga una pancarta en el platón y les toma fotografías.

-Es el miedo- me explica Juan Fernando- Hacer esta marcha es suicida. -En cada esquina de esta ciudad hay un francotirador-, acota Rubén. -La ciudad de Cartago está tomada por el para militarismo y la mafia y eso Andrés Felipe lo venía denunciando, incluso con nombres propios. A el lo asesinaron después de acusar al representante a la Cámara Luis Carlos Restrepo Orozco ante la Corte Suprema de Justicia que hoy lo investiga por parapolítica y también por este asesinato. Restrepo Orozco fue alcalde de Cartago, diputado ante la Asamblea Departamental en varias oportunidades, y representante a la Cámara.

Andrés Felipe Llano no era un hombre ingenuo, él sabía con quienes se estaba metiendo, sabía que su vida corría peligro, pero también sabía que no podía guardar cómodo silencio. Fue muy valiente. Las amenazas se habían convertido en un asunto rutinario en su vida, unas eran anónimas, otras venían firmadas por las Águilas Negras, y aún así nunca se detuvo porque él no concebía el silencio cómplice ni la cobardía. Siempre denunció al poder mafioso que controlaba Cartago, ese poder mafioso y sicarial que se había tomado la ciudad y que es patrocinado por la dirigencia política de la región.

En Cartago los hechos de violencia y represión son una historia que se repiten año tras año y que parecieran no tener ni principio ni final. -Aquí se violan los derechos humanos todos los días, no se puede protestar contra la mala administración ni contra los homicidios ni denunciar amenazas ni hostigamientos -Sostiene Luis Fernando Posso- Nadie puede decir nada, nos quieren someter al silencio y al miedo; por esa razón yo fui expulsado en el 2001 junto a mi familia, por haber acompañado a Felipe en su labor de denuncia, y aunque el Estado me ha prestado cierta protección de nada me ha servido porque al sitio donde llegó, llegan también las amenazas”.

El asesinato sistemático de lideres sociales, de sindicalistas y de disidentes a los mandatarios de turno ha sido posible en Cartago como en otras regiones del país porque existe una mafia incrustada en la sociedad que desde hace varios lustros viene siendo patrocinada por los políticos que desean acallar a los lideres sociales. “Salir es un riesgo pero es un riesgo que se debe asumir. Por eso necesitamos que los medios de comunicación nos apoyen, que cuenten nuestra historia, que nos acompañen en nuestra lucha contra el miedo, el silencio y la impunidad. Acá tememos por nuestra vida y por la de nuestras familias, pero no podemos ni debemos callar, nos corresponde tomar la vocería de aquellos que tienen más miedo que nosotros para que el país y el mundo sepan lo que está pasando y por qué estamos luchando desde la civilidad y la resistencia pacífica. Eso nos lo enseñó Felipe”.

Luis Fernando comenta que los amigos los acompañan de corazón. Todos tienen miedo a ser asesinados y por eso en la calle o en espacios públicos ni siquiera los saludan. Y es hasta cierto modo natural. En una ciudad donde no hay justicia, donde la pulcritud de sus autoridades es cuestionada y quienes se atreven a desafiar o señalar irregularidades pronto se convierten en blanco de asesinos, el silencio reina y sólo algunos valientes se atreven a exponer sus vidas y las de los suyos para que la realidad cambie.

El asesinato de Andrés Felipe fue denunciado por varias organizaciones sociales, algunos medios nacionales registraron el hecho como uno más en la larga cadena de homicidios que sacuden la historia colombiana, pero aún así la actuación de la justicia deja mucho que desear. El proceso reposa en la Fiscalía 46 Seccional de Cali desde hace casi ocho meses pero aún no hay resultados. Por eso los familiares y el amigo de Felipe tomaron la decisión de marchar hacia Cali. “Vamos a ir hasta las últimas consecuencias, haremos lo que sea necesario para que se sindiquen a los responsables, para que las investigaciones contra Luis Carlos Restrepo Orozco, a quien hemos señalado ante la Corte Suprema, junto con Hernando Gómez, arroje resultados satisfactorios, que no son otra cosa que verdad, justicia y reparación. Es vergonzoso para la comunidad que se siga perpetuando la impunidad, y por eso queremos sentar un precedente con esta marcha y que Colombia sepa que la muerte de Felipe fue crimen político, fue un crimen de Estado. La sociedad de Cartago lo sabe, no lo dice abiertamente por miedo, pero lo sabe. Todos sabemos que la clase política de Cartago es la responsable de este crimen”

El PDA se pronunció sobre el asesinato de Llano Calvo pidiendo un reconocimiento póstumo por su labor ejemplarizante al haber dedicado “todos sus esfuerzos a defender los derechos de los ciudadanos y ciudadanas de Cartago sobre todo de los menos favorecidos”. El representante a la Cámara por el Valle del Cauca de dicha colectividad, River Franklin Legro, anunció unos días después del homicidio que se reuniría con el Gobernador del Departamento y con las autoridades militares y de Policía “para exigir que este crimen no quede impune y solicitar garantías para el ejercicio de la oposición en esa región del país”. Aún no se conocen los resultados de su gestión, pues el caso continúa en la impunidad.

¡No nos vamos a callar! ¡Exigimos resultados!

La muerte de Andrés Felipe Llano Calvo

El 16 de mayo de 2008 a las 11 de la noche, cuando Andrés Felipe salía de Carrefour tras cumplir con su jornada laboral, a una cuadra de la Sijin, del Distrito de la Policía del Norte del Valle, fue interceptado por sicarios que se movilizaban en una moto y le dispararon ocasionándole la muerte.

Andrés Felipe no contaba con protección pese a que la había solicitado y ha que su situación de riesgo era una realidad ampliamente conocida.

La familia logró contactarse con la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para denunciar el caso, pero pese a la buena disposición que expresó este alto organismo por apoyarlos en su búsqueda de justicia, aún esperan que se pronuncie llamando a las autoridades competentes para que con la mayor celeridad posible produzcan resultados en este caso. Las denuncias también han sido presentadas a diferentes medios de comunicación y ONGs nacionales e internacionales. “Son nuestro único recurso para poder hablar y contar lo que pasa, si los medios no nos escuchan somos una voz muerta en todo el Valle del Cauca”. En Cartago existen dos fundaciones que trabajan el tema de los derechos Humanos a muy bajo perfil por que el miedo así lo exige. “Y es normal, pero cuando matan a un defensor, a un hombre pulcro, valiente y soñador como Felipe, nos llenan el alma de valentía para seguir adelante y luchar contra tanta violencia y corrupción. La muerte de Felipe nos da ánimo y coraje para no desfallecer”.

Aunque la familia y un solo amigo exijan justicia públicamente, otros desde el silencio y el corazón, y varios habitantes de Cartago, quizás los mismos viejitos que mientras caminábamos bajo un sol inclemente de medio día nos levantaban el dedo pulgar en señal de apoyo y luego rápidamente lo ocultaban, no tengan mucha esperanza en la pronta y eficaz acción de las autoridades, están dispuestos a agotar todos los recursos a su alcance para lograrlo. “No creemos en ningún organismo, no creemos en la Fiscalía, ni en los entes de justicia, no creemos ni tenemos razones para creer, pero aún así no descansaremos hasta que se conozca la verdad y los asesinos sean judicializados”.

Salir a marchar en una ciudad como Cartago y más para denunciar el crimen y el poder mafioso que gobierna y todo lo controla, es sin duda una acción de enorme valentía; una acción que no sólo desafía a los violentos y a la dirigencia corrupta y cómplice de un sinnúmero de atrocidades, sino también a la indolente sociedad, a las juventudes que sumidas en el sueño fastuoso de ser ante los demás a partir del capital y la riqueza, olvidan quienes son y a quienes se deben, pretenden escapar de la miseria y el anonimato sin darse cuenta que están asumiendo una nueva y peor esclavitud.

En memoria de Andrés Felipe Llano Calvo.
233 días de impunidad… ¿Cuántos faltarán para que haya verdad, justicia, reparación integral y garantías de no repetición?



[1] Informe de la Comisión de Observación sobre libertad de prensa. Colombia 2005.

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